
Anoche no asistimos a un concierto más del verano; nos sumergimos en un refugio de calma, memoria y pura emoción desnuda en los Jardines de Viveros.
Enmarcado en el ciclo de los Conciertos de Viveros de la Gran Feria de Julio, el directo de Valeria Castro se sintió como un secreto compartido, un reencuentro con lo verdaderamente importante donde la cantautora canaria demostró por qué es una de las voces más honestas y conmovedoras, presentando en directo su aclamada identidad musical ante un recinto que colgó un ambiente de absoluto respeto.
Lejos de la pirotecnia de los grandes festivales de verano, la propuesta de la artista de La Palma destacó por su delicada artesanía visual y sonora. El escenario se vistió con una iluminación tenue, en tonos cálidos y ocres, que envolvía a la banda como si el público estuviese asistiendo a un ensayo privado en el patio de una casa isleña.
Los arreglos en directo ganaron una dimensión sobrecogedora. Los sutiles golpes de percusión tradicional y el llanto de las cuerdas arroparon la voz quebrada y magnética de la cantante. El viaje emocional de la noche estuvo milimétricamente guiado por un repertorio que es pura artesanía sentimental. Valeria no dejó cabos sueltos, desgranando sus canciones en un orden que se sintió como una conversación íntima que iba ganando confianza a cada minuto.

El concierto rompió el hielo con la delicadeza de ‘La soledad’ y ‘’Tiene que ser más fácil el quererse’, dos cartas de presentación que hicieron que el bullicio de Viveros se apagara de golpe. Esa atmósfera mística se mantuvo en temas como
“Parecido a quererte” y “Honestamente”, arropada por la complicidad y los bellos matices de las dos chicas músicas en los coros y vientos. Se vivió un momento especial cuando la artista, sola con su guitarra, dedicó un tema insignia y que da título al álbum “El cuerpo después de todo”.
Ya sola en el escenario, compartió los momentos más íntimos interpretando ‘Devota’ o la aclamada ‘Guerrera’, dejando a un lado el micrófono y regalando al público su voz desnuda, mientras el parque se sumía en un silencio sepulcral. El núcleo central perteneció a sus anteriores álbumes, de los que cantó ‘Abril y Mayo’, ‘Quítame la pena, ‘Poquito’ o ‘cuídate’. el latido de ‘La raíz’ y la crudeza de ‘Techo y paredes’ en directo fue sobrecogedor.
Tras desgarrarnos el directo buscó la “La corriente”, y el tema romántico que cierra el disco “Sobra decirte” cerraron un concierto en el que Valeria decidió bajar a cantar a su público sonriente y feliz, casi nerviosa como una niña pequeña.
El clímax de la velada llegó directo al pecho con los bises. Al regresar al escenario para entonar las primeras notas de la declaración de intenciones que supone “Dentro”, ya nos dejó el corazón en un puño, y la mítica “La raíz” terminó de enamorar al público valenciano, que rompió a cantar al unísono, transformando el concierto en una catarsis colectiva dedicada a la tierra. Se marchó poniendo en pie al auditorio a ritmo de cumbia con “Sentimentalmente”, haciendo que el público se acercara al escenario a compartir el momento.
Valeria nos dejó en el aire de Valencia la maravillosa sensación de haber presenciado un directo que cura heridas a base de honestidad, todo bajo el amparo de un festival que demostró estar a la altura de las grandes citas culturales.
