El 4Ever Valencia Fest presenta el cartel de su tercera edición

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Tercera edición del 4Ever Festival que presenta novedades; y es que el festival pasa a celebrarse con el formato de 2 días (26 y 27 de junio) y cambia aun nuevo recinto ya que el festival pasa a celebrarse a la plaza de toros de Valencia en lugar de la Marina. Todo ello acompañado de un gran cartel con las confirmaciones de OMD, The Stranglers, Marc Almond, Wilco, Madness y Quique González.

El jueves 23 de enero a las 10:00h entradas a la venta en entradas.com

OMD

Muchísimos años antes de que irrumpiera el primer revival synth pop, décadas antes de que los sintetizadores de todo signo volvieran a asolar el planeta, OMD ya estaban allí. Antes incluso de que Pet Shop Boys, Erasure, A-Ha o Talk Talk reventaran las listas de éxitos de medio mundo, Andy McCluskey y Paul Humphries ya estaban demarcando el sendero por el cual iba a transcurrir el mejor pop electrónico a lo largo de cuatro generaciones.

Orchestral Manouvres in the Dark se formaron en Liverpool en 1978, y pronto darían con esa fórmula magistral que hacía carne su deseo de ser tanto ABBA como Stockhausen, toda una declaración de principios. Combinar espíritu lúdico y trascendencia, superficialidad con hondura, cuerpo y máquina, fue el leit motiv que les impulsó a tramar una discografía rebosante de hitos como “Enola Gay”, “Souvenir”, “Joan of Arc” o “Electricity”, que recuperarán en el 4ever para celebrar sus más de cuarenta años de carrera.

Pero lo más destacable es que OMD no se limitan a vivir de rentas, y eso es algo que una simple escucha a The Punsihment and Luxury (2017), el que fuera su último álbum hasta el momento, puede respaldar. Llegarán a la Plaza de Toros 35 años después de su última visita a Valencia, en lo que entonces era Pachá Auditorium, así que la ocasión reviste un tinte histórico.

The Stranglers

El punk fue, al menos a largo plazo, más una cuestión de actitud que de sonido. La mera existencia de los Stranglers lo demuestra. La banda británica nació en aquella encrucijada sonora, la de finales de los setenta, pero siempre se las apañó para trascender estilos y coyunturas merced a una personalidad muy acentuada, que les hizo transitar desde la insurrección de los imperdibles y las crestas a la new wave, del rock de influencia gótica a lo que se dio en llamar after punk, sin por ello dejarse ninguna de sus señas de identidad por el camino.

Como la de Echo & The Bunnymen, The Wedding Present o Edwyn Collins, la suya es una carrera perfectamente reconocible, exquisitamente británica, apuntalada en álbumes tan brillantes como No More Heroes (1977), La Folie (1981) o Aural Sculpture (1984), y en canciones tan memorables como “Golden Brown”, “Always The Sun”, “Peaches” o la propia “No More Heroes”.

Todas ellas forman parte del setlist que el cuarteto de Guildford está poniendo en liza en sus últimos conciertos, así que puede decirse que la cita con el infatigable Hugh Cornwell y los suyos se presenta como una excelente ocasión de pasar revista al buen estado de forma de un puñado de canciones que forman parte de la memoria colectiva de al menos un par de generaciones.

Marc Almond

Superviviente nato, carne de melodrama pop y animal de escenario, Marc Almond visita Valencia por primera vez en más de una década, desde que nos deslumbrase una noche de 2007 en el ya desaparecido Heineken Greenspace. Su repertorio, tanto el que ha pulido en solitario como el que aunó junto a Dave Ball al frente de Soft Cell, y que es también el que nos lo trae al 4ever – por algo se enmarca en una gira de celebración del temario de Soft Cell – le acreditan como una influencia decisiva en cantantes mucho más jóvenes como Antony Hegarty, Rufus Wainwright o Stephin Merritt (Magnetic Fields).

Marc Almond es un gustoso rehén de canciones como “Tainted Love”, “Bedsitter” o “Say Hello, Wave Goodbye”, sí. Sin duda. Pero también de otras que, como “Something’s Gotten Hold of My Heart”, “Tears Run Rings” o “The Days of Pearly Spencer”, explican la grandeza (no siempre justamente valorada) de su trayecto en solitario. Todas ellas forman parte de sus actuales conciertos, presididos por su inigualable magnetismo y por su capacidad para hacer propia cualquier canción ajena, en versiones que suenan como si él mismo las hubiera ideado y sufrido en carne viva.

Doctorado de honor en Filosofía por la Universidad de Lancashire Edge Hill, en los últimos tiempos ha destacado su interés por emprender proyectos escénicos grandiosos – conciertos junto a coros multitudinarios, junto al conocido pianista Jools Holland o junto a Ian Anderson de Jethro Tull – para reivindicar a algunos de sus ídolos: Oscar Wilde, Burt Bacharach, Bobby Darin, Julie Driscoll o Billy Fury. Pero por encima de cualquier empresa conceptual, al final, con Marc Almond y cada una de sus visitas a nuestro país, lo que queda es su imponente repertorio propio y cómo lo redimensiona gracias a un carisma que no se adquiere en las academias televisivas: viene de serie.

Wilco

Aunando tradición y cierta vanguardia, la banda de Chicago se convirtió en una de las formaciones de referencia del rock norteamericano de las últimas décadas. Con un pie en la escena que podríamos llamar alternativa y otro en el gran público. Por algo su origen está íntimamente ligado a la irrupción del llamado country alternativo, en la poco favorable primera mitad de los 90. Los seminales Uncle Tupelo, en activo desde 1987 a 1994 e inspiradores de la revista No Depression, fueron su semilla.

De su disolución surgieron dos esquejes: los Son Volt de Jay Farrar y los Wilco de Jeff Tweedy, quien mantuvo consigo a John Stirratt y Ken Coomer. A.M. (1995) fue su estimulante debut, que no se desligaba en exceso de los códigos folk y country rock, pero a partir del doble Being There (1996), la creatividad de Wilco se disparó, coronando una de sus primeras cumbres con la explosión cromática de Summerteeth (1999), tan influido por Gram Parsons como por The Beatles. Uno de los mejores discos de la recta final de los noventa.

Desde entonces, han desenterrado con éxito el legado de Woody Guthrie junto a Billy Bragg en sendos discos de versiones, se acercaron más que nunca a la vanguardia con los complejos Yankee Hotel Foxtrot (2002) y A Ghost Is Born (2004), con Jim O’Rourke como hombre de refresco, y emprendieron una fase de consolidado clasicismo – con la guitarra de Nels Cline marcando la pauta – en trabajos notables como Sky Blue Sky(2007), Wilco (The Album) (2009), The Whole Love (2011), Star Wars (2015) o Schmilco (2016).

El disco que les trae al 4ever, con el que por primera vez visitan Valencia, les sigue acreditando como lo más parecido que ha dado a The Band el siglo XXI, y es el mejor que han grabado en cerca de una década: el austero y confesional Ode to Joy (2019). Sus brillantísimos directos siguen siendo una plena garantía.

Madness

Madness son una institución de la cultura británica. De las grandes, a la altura de su familia real, de los partidos de criquet, las carreras de caballos o del fish and chips. Y por extensión, también del pop mundial. Si no existieran, algún laboratorio londinense tendría que inventarlos. Por algo sus canciones sonaron en la ceremonia de clausura de los JJOO de su ciudad, en 2012.

Comenzaron su andadura a finales de los años setenta, fundiendo como ninguna otra banda el pop saltarín, el ska y el reggae, en un discurso multicultural que generó un puñado de singles para la historia del pop en mayúsculas: “Our House”, “Baggy Trousers”, “My Girl”, “It Must Be Love”, “Night Boat To Cairo” o “One Step Beyond” son canciones que todos ustedes han debido bailar alguna vez. Patrimonio inmaterial de la humanidad. Melodías capaces de hacer palpitar al corazón más gélido. La década de los ochenta no se entendería sin ellos.

Tras un parón indefinido a principios de los noventa, retornaron el mundo de los vivos (creativamente hablando) en la misma época en la que Echo & The Bunnymen o The Go-Betweens daban fe de que las operaciones rescate no tenían por qué ser siempre estérilmente innecesarias, casi al empezar el nuevo siglo. Desde entonces no han resuelto ninguna obra maestra, pero tampoco han manchado el currículo con rodajas discográficas dignas de sonrojo, con lo que su papel como referencia ineludible del pop británico (reverenciada por Blur, Kaiser Chiefs y tantos otros) está más que salvaguardada. Álbumes como Can’t Touch Us Now (2016) y canciones de nuevo cuño como “Bullingdon Boys” – en la que ponen a caldo a Boris Johnson y toda la plutocracia de Eton – son la mejor prueba. Y la forma en que aún defienden su legado sobre los escenarios, una invitación permanente a la fiesta. El 4ever les trae por primera vez a Valencia.

Quique González

En lo que llevamos de siglo, posiblemente nadie ha recogido con mayor destreza los preceptos del rock de raíz norteamericana que Quique González. Al menos, no ha habido nadie que los supiera proyectar de una forma tan diáfana y efectiva, haciendo que sus referentes – Bob Dylan, Lucinda Williams, Wilco o The Band – se diluyan hasta dar con una fórmula autónoma, muy propia, que ha sabido ir madurando a lo largo de los últimos veinte años en discos como Pájaros mojados (2002), La noche americana (2005), Avería y Redención #7 (2007), Delantera mítica (2013) o Me mata si me necesitas (2016), por solo mencionar algunas de sus cimas. Mucho ha llovido ya desde que el joven madrileño emergiera como un valor a la sombra de Enrique Urquijo, de quien tanto aprendió en los albores de su carrera, y que fue algo más que un mentor para Quique.

Cada vez se ha ido mostrando más colaborativo; ya fuera girando con José Ignacio Lapido (091) en un tour para el recuerdo o recientemente poniendo música a los poemas de Luis García Montero. Pero nada de eso le ha hecho perder fuelle, destensar su escritura o perder crédito como rockero, más bien al contrario. Han sido alianzas que le han enriquecido, y que hacen que su directo en formato puramente rock se erija como un espectáculo de primera magnitud, como la vuelta a Valencia de un músico siempre extraordinariamente bienvenido, que madura como un buen vino. O como un buen bourbon.

 

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